domingo, diciembre 09, 2018

Gracias a Facebook

Es curioso como dejé de escuchar ciertas canciones, ciertos grupos, dejé de ir a ciertas playas, ciertos lugares… es en serio, hay cosas que ya no hago. Evito la playa, tengo discos colgados de mis paredes que no escucho y hay lugares de Caracas que sencillamente no quiero volver a ver de nuevo, me rehúso honestamente a darme cuenta que algunos árboles están más frondosos o que alguna casa ya cambió de color.  Y todo eso es una costumbre que me inventé hace años para nunca pensar en ti, o al menos para minimizarlo al máximo. 

Hoy hace 6 años estaba llegando a otro país, por trabajo 4 días, habíamos llegado de la playa. Recuerdo ese viaje por dos cosas: la primera fue que me provocó alquilar un carro y solo manejé el martes y tú el resto de días. Compraste esa visera negra y me mandabas a sentarme en la parte de atrás mientras me decías Sr. Myself soy su chofera del día de hoy”. La segunda fue la cena del viernes, en aquel restaurante lejos del hotel, pero cerca de la playa, donde comenzamos a hablar del futuro y tú comenzaste a hablar de cómo te ibas a ver cuándo fueses vieja.

Me comentaste todo tu arsenal de cremas hidratantes y anti-arrugas que te iban a ayudar a impedir el paso del tiempo, me hablaste de tus tendencias de moda y tus “fuentes” para siempre tener un look vanguardista, me contaste que primero muerta antes de dejar el tenis o el taekwondo y es que la muestra más real de que ibas a ser una mujer muy hermosa cuando no tuvieses veinticuatro años sino treinta, cuarenta o cincuenta, es que tu madre era una señora muy elegante y cuidada, con ese look impecable de monarca europea. 

De repente, después de escuchar todos tus alegatos sobre tu crisis existencial, de la nada me preguntaste: ¿te voy a gusta cuando tenga treinta? Y claro que te dije que si, es que eras una de las más bellas mujeres que mis ojos habían visto. Me llamaste mentiroso, acusaste mi pronta respuesta de ser falsa solo para tener sexo en aquella playa de nuevo, pero no, mi respuesta fue tan sincera que durante toda la noche intenté convencerte de que aquello era cierto, tanto antes del sexo frente al mar, cómo en la madrugada cuando llegamos a nuestra habitación para poder descansar.

Recordé ese día, gracias a esa manía maligna que tiene Facebook de traer a la palestra pública lo que estabas haciendo hace mil años, cómo si nos levantamos un día cualquiera y vulgar con ganas de recordar las palabras sentidas que no llegaron a ningún lado. Recordé ese viaje, porque antes de irme al aeropuerto tuve que pasar por la oficina y luego te dejé en tu casa, recordé ese viaje en particular porque en el aeropuerto mientras salía mi vuelo vi a una señora, como de 45 años o tal vez de 50. Aquella señora era tan elegante y tan bella y es que yo estaba tan convencido que tú a su edad ibas a ser mucho más bella.

Mientras estábamos tendidos en la arena y yo te decía al oído que ibas a ser del mundo la mujer más bella cuando tuvieras treinta, cuarenta o cincuenta, tú sólo renegabas diciendo que te decía todo aquello sólo para estar ahí a mitad de la noche, frente al mar, entre tus piernas. 

Y pensar que hoy gracias a Facebook sé que no me equivoqué…




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