domingo, enero 10, 2016

la de la Torre Este.


Es hora de llamar las cosas por su nombre, ella se llama Diana, es una princesa y vive allá en la Torre Este del castillo aquel, la conocí porque siempre fue el amor platónico de uno de mis amigos y él ya casado con hijos un día bromeando, me dijo “agrega ahí.. a ver si puedes conquistar donde muchos fallamos”. Y si, no pasó mucho hasta que salimos a cenar, luego uno o dos viajes a la playa y otros encuentros más y agarrarle la mano se volvió una costumbre, mientras esperábamos la cena en la mesa de algún restaurante.

Diana busca una relación que ya no puedo dar. Estoy tan cansado, ya no quiero volver a invertir tiempo en enamorarme de nuevo… a veces salimos, nos vemos de a ratos, tenemos sexo para matar las ganas pero ella ya se cansó de ser sólo el calor de a ratos en mi cama y yo no quiero ofrecer más, estoy tan cansado de intentarlo de nuevo y no es miedo, sino.. estoy tan cansado de amar como un loco y luego, que el universo me quite el amor como ya lo ha hecho tantas veces, estoy tan casado de escribir poemas de amor, no quiero más.

Lo dejamos hace algunos meses, por cosas de la vida, tengo que pasar por su castillo siempre que me voy de mi casa al gimnasio a pie y lamentándolo mucho, siempre que estoy con alguno de mis amigos, al pasar por su puerta, me preguntan “¿y qué pasó con Diana la princesa?”… nada.. ella quiere un príncipe y yo estoy tan cansado de la armadura y la espada, que ya paso de matar dragones y luchar contra la bruja mala.

Últimamente, estoy en una etapa extraña de mi vida. Si encuentro a una mujer que vale la pena, a una mujer perfecta.. sencillamente me alejo para no joderle la vida, tengo tantos esqueletos en el armario que ya no quiero uno más. Tal vez tengo la crisis de los 33 años,  pero me di cuenta que no soy ese hombre que se casa en la iglesia, soy aquel hombre de la carta de amor, doblada y guardada celosamente donde el marido no la encuentre. Soy el pensamiento melancólico de algunas mujeres, pero no el esposo de ellas.

Hoy me tocó pasar por su castillo, por la Torre Este de aquel castillo en el bosque con valles hermosos y duendes traviesos, y aunque la pensé, ni siquiera toqué a su intercomunicador como otras veces lo he hecho.. luego de algunos años seguramente me arrepentiré de haberla dejado ir, pero.. no será la primera vez que pasa y me gustaría tener esas ganas de hace 15 años de enamorarme y amar bonito.

pero estoy tan cansado de intentarlo.. que no quiero pasar por eso de nuevo..



3 comentarios:

Sweet Seneca R. dijo...

Muy fácil es decir ''vamos, no te rindas!'' pero llevarlo a la realidad es otra cosa cuando ya estás harto de intentar e intentar.

Irving Sánchez dijo...

Entonces dejas de intentarlo y lo haces.

JRS dijo...

por donde vayas estan los caminos y las princesa... cada vez más bellas! a causa de esos polvitos mágicos, supongo¿?... y los caballeros, cada vez caminamos sin aire, sin aliento, sin ilusión... sin sensación de amor a la vista, solo con la pasión que brilla.