Mostrando las entradas con la etiqueta Egoísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Egoísmo. Mostrar todas las entradas

sábado, junio 27, 2026

qué tristeza tan egoísta.

Mientras trabajaba sonó en mi Spotify: New Radicals – Someday We’ll Know y presté mucha atención a lo siguiente:

"I'm speeding by the place that I met you
For the ninety seventh time tonight".

En ese momento sin previo aviso pensé en donde nos conocimos, en cómo, recordé todo y en los últimos quince años solo he pasado una vez por aquel sitio, también quise saber cómo estás hoy, como te ves, como eres después de más de 20 años. Aunque tienes tu Instagram público, por lo general tenías años sin publicar fotos o yo años sin entrar a stalkear, para mi sorpresa hay fotos de una visita reciente de tu hermano y su esposa a New York, que es donde vives hoy día.

Colocaste un carrusel como de mil fotos y videos, en uno de ellos estás creo que con tu sobrina, mientras su madre quien es la que filma dice “a la 1, a las 2, a las 3” en ese justo momento me quedé esperando tu voz, una palabra, algo y sencillamente el video acabó. Ahí me di cuenta de algo que me pareció muy triste..

Ya no recuerdo como suena tu voz..

Ni tu voz, ni tu risa, ni tus quejas, ni tus gemidos cuando te masturbaba mientras te lamía los senos, nada.. y aunque hoy día claramente sé que no eres la mujer para mi y desde hace más de diez años que me dí cuenta que no lo ibas a ser nunca jamás, lo de haber olvidado todo eso de ti me puso tan triste… sentí como un egoísmo triste.

Probablemente tú ya hayas olvidado todo de mi, o la gran parte de… como yo ya de ti, y pude escribirte y saludarte y preguntar tu número y llamarte y ver qué tal te va, pero siento que la tú de hoy no es la mujer que yo amé con locura ayer, quiero llamar es a la tú de ayer.. la de hace mil años.

Quiero tener un Teléfono Especial para llamar a algún día de los años 2000s y que me comunicarán con la tú de ayer, y sin perder tiempo te preguntaría en cuánto tiempo llegarías a mi casa y tú sin duda alguna me responderías en 20 minutos.

Que tristeza tan extraña tan egoísta, tan rara que me abraza esta noche con una nostalgia tan contundente que me teletransporta a esos días, donde tú y yo éramos la pareja del momento, los guapos de la universidad y que curioso como todo acabó, seguramente nadie hubiese apostado a como terminaste tú y sin duda alguna nadie se equivocó en apostar a como terminé yo.

Uno de mis recuerdos más preciados de ti, cuando supe lo enamorado que estaba, eres tú colocando un cd en mi pequeño reproductor y cantando en tu ingles perfecto una canción de Jennifer Lopez, quien lo diría que aquello me marcaría tanto que tendría como costumbre elegir a mi mujeres con la habilidad de dominar uno o más idiomas.

No recuerdo ni tu risa, ni tu voz y mucho menos tus gemidos...

Que tristeza más egoísta y tan rara siento hoy.


martes, diciembre 27, 2016

Astronauta, Navegante y Amo de Casa Integral

Un día fui al espacio infinito y majestuoso, y con mis manos le bajé una estrella. Ojalá hubieran estado ahí conmigo, era la estrella más hermosa de todas, la más lejana, era una estrella que ningún otro astronauta había bajado para alguna princesa, y yo la bajé sólo para ella. Pero a ella no le gustó todo el ruido que hice con mi cohete, todo el desorden del lanzamiento espacial, tampoco quería una estrella ¿Para qué coño quiero yo una estrella? Es que ella no me pidió una estrella y al parecer tampoco la necesitaba.

Pensé días después, en que era buena idea el secuestrar a una sirena. Comparar bellezas entre aquella sirena y ella, pero ella no estaba interesada… ¿Para qué trajiste una sirena? No le importó los peligros a los cuales me enfrenté para demostrarle que no había nada más hermoso en toda la tierra que ella, que ni una sirena podía competir con su hermosura… tal vez no era la sirena que esperaba, o sencillamente sólo quería a otra sirena. Aunque creo, que no le interesaba ser más bonita que alguna otra, de seguro si necesitaba que se lo demostrara, pero… ¿Con una sirena? Sentí que no era suficiente con mi amor, con mis palabras… necesitaba algo que le demostrará que ella es lo más hermoso en la tierra, pero claro... de nuevo... ella no me pidió una sirena...eso me pasa por pro activo y motivado, por sobre intentarlo todo. ¿Una sirena? Hay que ver que soy bien estúpido.

Otro día de nuestro largo, pero tan corto amor, ella de repente murió. Honestamente no sabía cómo vivir sin esa mujer, y de esa forma bajé al mismo Hades y sorteé muchos problemas, pagarle todo mi oro al barquero, pelear con cerbero. Gracias a mi astucia y algunos de mis artilugios, pude llegar hasta donde estaba ella en ese infierno. Maté a muchos de sus demonios y me enemisté con muchos de los míos y pues si… una vez que pude sacarla del infierno, una vez cuando nos dio por primera vez de nuevo la luz del sol, ella se molestó... “No necesitaba que fueses por mi” “Yo estaba muerta en el infierno, pero puedo sola, no podía salir, pero tampoco te necesitaba” y así fue, cómo me volví enemigo del rey del infierno y a ella no le importó absolutamente nada de eso. Es que ella no podía sola, pero no me necesitaba.

Luego vino el día donde me reinventé como hombre para hacerla feliz. Acepté de buena manera que ya las motos y las salidas de noche no tenían cabida en mi mundo con ella. Dejé de usar camisas, al menos que la tuviera agarrada de la mano a ella y decidí que pensar siempre en el bien común era mejor que pensar sólo en uno mismo, es que en mi mundo con ella no tenía cabida el egoísmo. Se los juro, por ella hasta dejé de tener esas conversaciones conmigo mismo que tanto me gustaban, es que a mi yo interior no le agrada mucho mi yo amo de casa. ¿Y adivinen qué? ¡Exacto!  Ella no me pidió absolutamente nada, tampoco le interesaron mis cambios o no los notó, es que al parecer eso estaba escrito en las letras pequeñas de amarla a ella. 

Aquel día cuando comencé a hacer cosas que la hacían feliz, sencillamente para verla sonreír ¡Lo recuerdo como si fueses ayer! Esa fue otra situación muy extraña. Luego de un tiempo esas cosas que la hacían feliz ya no funcionaron, es que al parecer amigo lector, soy muy torpe y las hacía todas mal. Es que mis títulos universitarios y todos mis conocimientos no me prepararon para fregar todos los platos de manera perfecta o para doblar las sabanas con la medida exacta. Es que siempre lo he dicho, soy muy torpe y no sirvo para algunas cosas. En ningún trabajo te premian por intentarlo y saben qué, en el amor tampoco. Seguramente ella pensaba que hacer las cosas mal es uno de mis talentos, o es que me divertía sencillamente discutir con ella por un trapo de cocina mal puesto.

Cómo olvidar, aquel día cuando me di cuenta o es al menos lo que pensé en aquel momento, que por cada cosa que hacía mal, que, por cada defecto, tenía yo como cuatro millones de virtudes, pero obvio. Un defecto mata cinco millones de cosas buenas y como me faltaban un millón más, entonces los defectos ganaron. Luego pensé en todos sus defectos y yo la acepté con cada uno de ellos, aprendí a vivir con los que pude y aprendí a sentir indiferencia por el resto. ¿Sus esqueletos en el armario? La dejé vivir con ellos, pero yo los míos si los tuve que convertir en dominio publico.

Mientras escribía esto, tiré toda la ropa limpia, recién lavada, que tenía en la cama...al suelo. ¿Por qué? Me cansó tanto orden y me quité los zapatos y los tiré por ahí, cerca del televisor y subí los pies en la mesa mientras escribo y escuché su voz en mi mente “La mesa no es para subir los pies” ¿Pero saben qué? Yo fui quien compró la puta mesa.

Al parecer a una mujer no le importa si le bajas una estrella, si navegas veinte mil leguas de viaje submarino por demostrarle que es hermosa, tampoco le importa un bledo si bajas hasta el infierno por ellas. Si no sabes fregar bien un plato y no eres un amo de casa adivino, integral y perfecto.

Se limpian el culo con el resto.